Alemania: socio para que los países en desarrollo tengan energía limpia
Estrategias para más sostenibilidad
Martin Orth
¿Quién detiene el cambio climático? ¿Cuál es el futuro de la energía? ¿Cómo accede todo el mundo a suficiente agua? Importantes cuestiones relacionadas con la protección del clima y el medio ambiente.
Lecciones de Alemania” rezó el título del artículo de “Time” en la primavera de 2008. Y en el texto, la renombrada revista norteamericana explicó “qué pueden los estadounidenses aprender del país de Europa con mayor población”: cómo Alemania ahorra energía, reduce las emisiones de anhídrido carbónico y genera electricidad de fuentes renovables. “Entre 1990 y 2005, Alemania redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero en un 18 por ciento”, escribe la revista, “mientas que las emisiones en los EE.UU. aumentaron en el mismo período un 16 por ciento”.
“Time” delinea la imagen de una nueva Alemania, en la que parques eólicos, plantas de biogás y techos solares son parte integral del paisaje. El Gobierno alemán, tal la quintaesencia, definió a tiempo el rumbo para un cambio: creó un impuesto ecológico, para reducir el consumo de petróleo; desarrolló un sistema de reciclaje, para cuidar los recursos y reutilizar las materias primas y, sobre todo, dio trámite a la Ley de Energías Renovables (EEG).
En efecto, la EEG, que entró en vigor en el 2000, es el corazón de la política energética y climática alemana. La ley alienta a los ciudadanos, empresas y municipios a generar electricidad a partir de fuentes renovables y alimentar con ella la red, naturalmente contra pago. De esa forma, más de un productor de corriente hace un buen negocio y la participación de las energías renovables en el consumo de corriente pudo ser ampliado al 14 por ciento en pocos años. El objetivo es una participación del 25 al 30 por ciento hasta el año 2020.
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- Instalaciones de Solon AG für Solartechnik en parque científico Berlín-Adlershof
- (© picture-alliance/ZB)
La idea de la Ley de Energías Renovables ha sido asumida en el ínterin por 47 países. El programa de incentivos de mercado no sólo supone beneficios para el clima, sino también para la economía. De Alemania provienen una de cada tres células solares y cada segundo aerogenerador en el mundo. La “tecnología verde” alemana es líder en el sector y, de acuerdo con un reciente informe, posee el potencial de suceder en el año 2020 a las exitosas industrias de construcción de maquinaria y automotriz como mayor generador de empleos. “La protección ambiental y los puestos de trabajo no son excluyentes. Al contrario: ambos se condicionan mutuamente a nivel global”, dice Sigmar Gabriel, el Ministro Federal de Medio Ambiente. Ya se habla de la “Tercera Revolución Industrial”.
Ello no es una utopía, aunque a primera vista lo parezca. Pues la protección del medio ambiente y el clima es uno de los mayores desafíos globales del siglo XXI y exige enormes esfuerzos. ¿Cómo puede detenerse el cambio climático? ¿De dónde vendrá la energía en el futuro? ¿Cómo abastecer a la creciente población mundial en forma suficiente y justa con agua y alimentos? Ésas son las cuestiones más candentes de nuestro tiempo. Por ello, la protección ambiental se ha transformado en uno de los más importantes componentes de la política exterior alemana.
Energía y política exterior
Bajo “política exterior para la protección ambiental” entienden los diplomáticos el triángulo conformado por “las previsiones para la vida, la prevención de conflictos y una activa política de seguridad”. Pues cuestiones ambientales, como por ejemplo la injusta distribución de agua, pueden llevar al surgimiento de considerables tensiones sociales y políticas. Por ello, el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores se compromete a muchos niveles con la protección ambiental internacional: ya sea en las negociaciones de acuerdos ambientales internacionales o en la organización de conferencias. En abril pasado, 150 personas de los cinco Estados de Asia Central, entre representantes del sector privado y políticos, participaron en Berlín en la conferencia “El agua une”, organizada por el Ministerio Federal de RR.EE. Durante la conferencia fue creada la “Iniciativa de Asia Central para el Agua”, que incluye una serie de cooperaciones y medidas de apoyo para contrarrestar las consecuencias negativas de la escasez de agua en la región.
En el foco de los temas ambientales se halla la política energética y climática. En esa área Alemania desempeña un papel pionero, en tanto se ha fijado ambiciosas metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. Alemania ya está muy próxima a cumplir con la disminución de las emisiones en un 21 por ciento, que en el Protocolo de Kyoto se había definido como meta para el 2012. También en el Índice de Protección del Clima 2008, que evalúa los esfuerzos de 56 Estados en ese sentido, Alemania figura el segundo lugar, después de Suecia. Alemania apuesta por una estrategia doble: aumentar la eficiencia energética y de los recursos y ampliar el uso de las energías y las materias primas renovables.
Alemania también va en punta en la Unión Europea. En tanto otros países también se unan, Alemania aspira a superar en parte las metas de la UE de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20 por ciento hasta el año 2020 en relación con 1990, aumentar la participación de las energías renovables en el mix energético a un 20 por ciento y reducir el consumo de energía en un 20 por ciento. Por iniciativa de Alemania, los Jefes de Estado y de Gobierno de los ocho principales países industrializados (G-8) acordaron reducir a la mitad las emisiones de CO2 hasta el 2050. De esa forma se aspira a limitar el aumento global de temperatura promedio a dos grados centígrados.
Alemania también coopera intensamente en los preparativos para la Conferencia sobre el Clima que se llevará a cabo en Copenhague en 2009. En la capital danesa el objetivo será acordar un vasto régimen de protección del clima, para impedir que después del fin de vigencia del Protocolo de Kyoto en 2012 surja un vacío. Muy arriba en la agenda se halla la integración de países emergentes adelantados, como China, India, Sudáfrica, Brasil y México. Pues sin esos países como socios no se podrá hacer frente al desafío global que supone la protección del clima.
Socios para una energía limpia
Ya sea energía eólica en Egipto, energía hidráulica en Indonesia, geotermia en Kenia o energía solar en China: Alemania apoya en muchos países el abastecimiento energético sostenible. La demanda de energía se duplicará por lo menos en los países en desarrollo en los próximos 20 años. Si para satisfacerla se recurre principalmente a portadores fósiles de energía, ello generará una enorme contaminación ambiental. Muchos países en desarrollo y emergentes cooperan con Alemania en el área de la energía. El objetivo: Alemania apoya con tecnología verde, conocimientos y fondos de fomento sobre todo a países en África, Asia y América latina para que aprovechen mejor el potencial de fuentes energéticas de bajo impacto ambiental y aumenten el uso de energías renovables y la eficiencia energética.
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