Anselm Kiefer gana Premio de la Paz de Asociación de Editores y Libreros Alemanes
El artista alemán Anselm Kiefer fue galardonado con el Premio de la Paz de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes el 19 de octubre, el que le fue entregado ante mil personas en la Iglesia de San Pablo de Fráncfort. Asistieron, entre otros, dos laureados anteriores, Ernesto Cardenal y Karl Dedecius. El historiador del arte Werner Spies pronunció el discurso laudatorio.
En su propia alocución, Kiefer aclaró su concepto de la historia, de la sociedad y de la relación entre el arte y la literatura, la ciencia y la mitología. El artista se refirió a la ausencia de espacios de memoria en Alemania. “Después de la caída de ambos estados alemanes se cayó en una repetición del rellenamiento, del taponamiento de un espacio vacío: nuevamente una hora cero para todo aquello que había sucedido en 40 años en la otra parte de Alemania”. Se dejó el espacio entre los dos estados [Alemania occidental y Alemania oriental] y sistemas anteriores vacío y se peinó como si fuese un jardín zen. “Uno podría haber mantenido un espacio vacío, un espacio de meditación de la historia, al cual los hombres habrían podido bajar, bajar en sí mismos”, agregó.
Para el artista las fronteras son también ilusión, son erigidas para calmar y hacer creer en un lugar seguro. “Pero sin fronteras, sin esa ilusión de fronteras no somos capaces de vivir, sea solos o en relación con otros”, dijo Kiefer en la iglesia. Para él hay una frontera especial entre el arte y la vida, que a menudo se desplaza como luz espectral. Sin esa frontera no habría arte, y la obra de arte es tanto más interesante cuando más se caracterice por la lucha entre el borde entre el arte y la vida.
Spies esbozó la trayectoria de Kiefer y puso de relieve su pasión por la literatura, que explotó en una “tierra de dos corrientes”, una gigantesca colección de libros. Su envoltura de plomo hace de escudo y recuerda el incendio de libros de hace 75 años [durante el período nazi]. Según Spies, Kiefer pertenece a ese grupo de artistas germanos que, luego de decenas de años de ausencia de objetos en el arte, se definen como “actores de un inevitable enfrentamiento con la historia en la cultura”, en la tradición de Max Beckmann u Otto Dix. “Como ningún otro vincula su obra a los lugares de la historia reciente. Utiliza para ello la suficiencia de los lugares, la que fue abusada por el fanatismo. No lo hace como historiador, sino que conjura lo funesto de los escenarios de la crueldad de tal manera como que proliferase allí aún. Se trata de no presentar, de ninguna manera, los crímenes del nacionalsocialismo como un mal metafísico que no se puede aclarar, sino en un aquí y ahora oprimente y angustiante”, dijo Spies. “Kiefer, al tomar partido por esta posición incómoda, ha hecho, por cierto, más que otros por la paz”.
El Consejo de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes fundamenta el galardón diciendo que “otorga el Premio de la Paz de los Editores y Libreros Alemanes en el año 2008 a Anselm Kiefer y honra en él a un artista mundialmente reconocido, que confrontó a su tiempo con el agitador mensaje moral de lo ruinoso y pasajero. Anselm Kiefer apareció en el momento correcto para superar el dictado no figurativo del período de posguerra. El artista actuó como conquistador genial, consciente, que se apropia de los medios de una pintura expresiva y rica en texturas y que como las piezas de un botín transfiere al propio mundo de imágenes. En el foco se encuentra un presente destruido, carcomido por el pasado, que es presentado con extremada economía retórica, con estupefacción. La fuerte resonancia de su obra descansa en la capacidad de desarrollar para los temas intemporales y para los temas agudos un lenguaje de imágenes que convierte al contemplador también en lector”.
Kiefer, nacido el 8 de marzo de 1945 en Donaueschingen, se cuenta entre los más importantes artistas alemanes. Desde un primer momento de su creación artística influenció el arte contemporáneo. Hijo de un profesor de arte, comenzó sus estudios en derecho y filología románica antes de trabajar en 1970-72 como discípulo de Joseph Beuys en Düsseldorf .
Desde su primer serie de imágenes, “Ocupaciones” (Besetzungen) en el año 1969 hasta su gran exposición “Monumenta” en 2007 en el Grand Palais de París se manifiesta su duradero enfrentamiento artístico con la historia, la religión, la filosofía y la mística, así como con la literatura y la poesía. Mediante el enlace del arte con la expresión política Kiefer desató discusiones una y otra vez.
El artista se ocupa de la cuestión de si después del Holocausto y del acaparamiento de la tradición artística nacional y artística por el Tercer Reich es posible aún que haya artistas germanos y recurre en sus imágenes a elementos simbólicos y míticos de la historia alemana.
Kiefer ha recibido numerosos galardones: Hans-Thoma (1983), Wolf al Arte, Jerusalén (1990), Goslarer Kaiserring (1991), Jurado Internacional de la 47ma Bienal de Arte de Venecia (1997), Imperial japonés (1999) como honra a un artista contemporáneo que ha desarrollado una pronunciada sensibilidad para el enfrentamiento del arte con el pasado y con la ética y la moral del presente.
Kiefer vive y trabaja en París.
El premio, dotado de 25.000 euros (unos 33.000 dólares), es uno de los más prestigiosos de Alemania. Honra a personalidades internacionales que "han contribuido en grado extraordinario a la promoción del concepto de la paz, principalmente a través de sus actividades en los campos de la literatura, la ciencia y el arte". Entre los galardonados están, entre otros, Saul Friedländer, Susan Sontag, Jorge Semprún, Albert Schweitzer, Theodor Heuss, Astrid Lindgren, Václav Havel, Siegfried Lenz, Susan Sontag, Orhan Pamuk, Cardenal y Dedecius.
Anselm Kiefer © picture-alliance/dpa
Anselm Kiefer es el gran y silencioso individualista del arte alemán
Jana Schulz
La decisión fue audaz, excéntrica. ¿Una provocación? En las páginas culturales alemanas se reflexionó así en voz alta acerca de los motivos que llevaron este año a tomar la decisión sobre el premio alemán seguramente más importante. Por primera vez no va para un escritor. El Premio de la Paz de la Asociación de Editores y Libreros Alemanes fue entregado el 19 de octubre a Anselm Kiefer, de 63 años. A un pintor, escultor, artista de objetos. Al gran y silencioso individualista del arte alemán. A Anselm Kiefer no le gustan las conversaciones en los vernissages ni el exaltado ajetreo en las grandes ferias de arte ni los autoelogios de los pintores estrella. Kiefer es un pensador, un buscador en las profundidades de la historia, sobre todo la alemana. A sus monumentales y melancólicos objetos pictóricos los sumerge a menudo en tonalidades de herrumbre, gris y marrón. Sus materiales son el plomo, la arena, los fragmentos, la ceniza. Los títulos de sus cuadros atemorizan: “Nerón pinta”, “Flor de sangre”, “Flor de ceniza”. Nada en su arte es complaciente, todo transmite signos que exigen ser interpretados. En su arte, Kiefer, nacido poco antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, saca a luz “los sedimentos de la historia”: el artista como excavador.
El Time Magazine calificó a Kiefer de “mejor artista de su generación a ambos lados del Atlántico”. En el mercado de arte se pagan millones por sus trabajos. Junto a Gerhard Richter es el más exitoso y prestigioso artista plástico actual alemán. En prácticamente toda gran colección de arte contemporáneo, sobre todo en los Estados Unidos y Europa, cuelga por lo menos un Kiefer. Para muchos amantes del arte, sobre todo en el exterior, Anselm Kiefer –que desde hace años vive en Francia– es el arquetipo del artista alemán por antonomasia: intelectual, profundo, que trata una y otra vez los perturbadores temas de la historia alemana, el apocalipsis del Tercer Reich. Con una obra impregnada de catástrofes del pasado, que tematiza mitos y mística, religión y filosofía. Una obra que siempre hace referencias a la literatura, que retoma frases de Paul Celan, Walter Benjamin e Ingeborg Bachmann. En el museo Hamburger Bahnhof de Berlín se expone la obra “Censo” de Kiefer, una biblioteca de ocho metros de altura, fundida en plomo y con enormes libros.
En esa obra pensó también el jurado del Premio de la Paz al tomar la decisión. ¿Qué más lo movió a honrar a un artista de las imágenes-ideas? El Consejo de la Fundación fundamentó su elección con que honra a un artista “que confronta a su tiempo con el agitador mensaje moral de lo ruinoso y pasajero”. La fuerte resonancia de su obra se basa “en la capacidad de desarrollar un mensaje de imágenes que transforma al espectador en lector”.