Alejandro de Humboldt: una nueva cosmovisión
El viaje de Alejandro de Humboldt (1769-1859) a la América tropical en los años 1799 a 1804 fundamentó su fama mundial. Humboldt navegó en canoa india por los ríos Negro, Casiquiare y Orinoco y se atribuyó romper un récord de altura con su ascenso al volcán Chimborazo, considerado entonces la montaña más alta del mundo. Su expedición por los territorios que hoy llevan los nombres de Venezuela, Cuba, Colombia, Ecuador, Perú, México y Estados Unidos fue extraordinaria en muchos aspectos: por su independencia económica y por tanto ideológica, por su interés holístico en comprender el mundo y por el inmenso conocimiento nuevo que aportó.
En su gigantesca obra Cosmos el explorador y científico buscó explicar todo el mundo físico, incluido el cosmos. Cuando en 1847 apareció el segundo volumen de Cosmos los compradores libraron “verdaderas batallas” por el libro, notó su casa editora, Cotta.
Guiado por la idea de la “unidad de la naturaleza”, a la cual concebía como “un todo movido y animado por una fuerza interior”, Humboldt percibía los fenómenos naturales como “un encadenamiento general no en simple dirección lineal, sino en trama entrelazada con características de red”. Esa visión no ha perdido en absoluto su vigencia.
Humboldt consideraba el paisaje como espacio de interacciones en el seno de la naturaleza y entre el hombre y la naturaleza. Poco antes de iniciar su viaje manifestó su objetivo principal: “Coleccionaré plantas y animales, estudiaré la temperatura, la elasticidad, la composición magnética y eléctrica de la atmósfera, la descompondré, determinaré las longitudes y los paralelos geográficos, mediré montes; pero, en realidad, este no es mi objetivo final. Mi verdadera y única finalidad es investigar cómo se entretejen todas las fuerzas naturales, la influencia de la naturaleza muerta sobre el mundo vivo animal y vegetal”.
Debido a esta postura, parece justificado calificar al estudioso, que escribió el texto más sesenta años antes de acuñarse el término ecología, de pionero de este campo.
Humboldt abrió nuevos caminos en muchos campos de la investigación y a generaciones de científicos. Por ejemplo, creando la disciplina de la geografía botánica. Descubrió la regularidad del cambio de la temperatura en relación con la altura sobre el nivel del mar e inventó las isotermas, las líneas cartográficas para demarcar los lugares que tienen la misma temperatura promedio durante el año. Hoy es considerado el fundador de la geografía moderna, la investigación climática moderna, la arqueología en las Américas y el estudio comparado de las culturas a nivel global.
Lo que mientras tanto se ha convertido en principio básico para todo científico, lo presentó magistralmente Humboldt dos siglos atrás: la investigación trans o interdisciplinaria. Condujo sus estudios no desde la perspectiva de una disciplina única, sino que contempló y combinó los campos más diversos con una seguridad y un virtuosismo que no fueron logrados nunca más.
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- (© picture alliance/dpa)
Pero su planteamiento de lo que él llamó la “geografía física” o “física del mundo”, llegó más lejos porque su investigación incluía al hombre. Humboldt creía en un progreso continuo del ser humano a escala mundial, en el que la ciencia tenía reservado un lugar específico.
“Conocer y reconocer es el placer y la facultad del ser humano, y es una de las riquezas de cualquier nación, que muchas veces sustituye a los escasos bienes de la naturaleza”, escribió en Cosmos.
La visión global de su pensamiento trascendió todas las fronteras geográficas y políticas. Ya en 1793 Wilhelm von Humboldt hizo notar que no había nadie que como su hermano, que en ese momento tenía 24 años, estaba en condiciones de “vincular el estudio de la naturaleza física con el de la moral, y lograr en el universo, tal como lo reconocemos, específicamente la verdadera armonía”.
Naturaleza y moral, estos dos conceptos fueron de significación fundamental para la vida de Alejandro. Sus ideales políticos quedaron marcados desde su juventud por las ideas de la Ilustración y los postulados de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad. Estas ideas, que conservó toda su vida, se reflejan en su trabajo científico. Es la noción de la “unidad del género humano”, del respeto a todas las culturas, religiones y razas humanas. Su consigna era: “Todos están igualmente destinados a la libertad.”
Para Humboldt ciencia y política estaban entrelazados de manera inseparable. Su papel como investigador lo concibió como el de un hombre responsable, de pensamiento y acción políticos. Hasta en sus textos primariamente científicos defendió los derechos humanos, criticó al racismo y a la esclavitud y abogó por la igualdad jurídica de todos los ciudadanos.
Hoy en día muchos consideran su visión como el pensamiento para el nuevo milenio. A través de la visión de una interrelación en armonía entre seres humanos y naturaleza, continentes, culturas y naciones, su conciencia universal abre nuevos caminos para el desarrollo de nuestro planeta.
Es así que vale la pena seguir las huellas de “una de las naturalezas más notables que hayan existido”, como describió Wilhelm von Humboldt a su hermano, y dejarse inspirar por un hombre del cual el filósofo estadounidense Ralph Waldo Emerson dijo: “Humboldt fue una de esas maravillas […], que aparecen de tiempo en tiempo, como si quisieran mostrar las posibilidades del espíritu humano, la fuerza y calidad de sus facultades: un hombre universal”.
Frank Holl
Con gran frecuencia los artículos en lengua española presentan traducido el nombre del cientítico germano. De la misma manera, hay gran cantidad de instituciones en el mundo hispano que llevan su nombre traducido.