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Steinmeier habla sobre Europa, España y América Latina
Entrevista por escrito del Ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, con la agencia de noticias española EFE en vísperas de las consultas intergubernamentales entre Alemania y España el 31 de enero de 2008 Señor Ministro, las vigesimoprimeras consultas intergubernamentales se celebrarán el 31 de enero bajo el cielo azul de Palma de Mallorca, sin los oscuros nubarrones del conflicto en torno a E.ON y Endesa y con la firma del Tratado de Lisboa como bagaje. ¿Qué temas bilaterales y europeos estarán pues en el foco de atención de esta cumbre hispano-alemana? Antes de nada, me alegro mucho de tener ocasión de celebrar esta reunión con mi homólogo y amigo español Miguel Ángel Moratinos. Los gobiernos de España y Alemania están unidos por estrechas relaciones de amistad. En Palma vamos a abordar –junto a ambos jefes de gobierno y los titulares de otras carteras– un amplio conjunto de temas bilaterales e internacionales de relieve. En el centro de atención estarán los asuntos relacionados con la inmigración y la política de integración, pero también nos ocuparemos intensamente de la promoción de las nuevas tecnologías, de la política energética y de la protección climática. En el terreno de la política exterior examinaremos, entre otras cosas, la situación en Oriente Próximo, Serbia y Kosovo y también abordaremos el tema de Afganistán. La firma del Tratado de Lisboa dota a la UE de la necesaria capacidad de actuación para afrontar los retos que plantea el futuro. Pero hasta la entrada en vigor del Tratado habrá que resolver todo un cúmulo de cuestiones pendientes, aunque nadie hable públicamente de ello. ¿No sería mejor que los preparativos para la entrada en vigor no comenzasen hasta que haya concluido el procedimiento de ratificación, para no ponerlo en peligro? ¿Y cómo ve usted el futuro del Tratado? El Tratado de Lisboa proporcionará a la UE la capacidad de actuación necesaria para afrontar los retos del siglo XXI. La UE necesita este Tratado entre otras cosas porque, de no reordenarse los procedimientos y procederse a ajustes en el ámbito institucional, tampoco sería ya posible una futura ampliación de la UE. Por eso estoy muy satisfecho de que bajo las presidencias alemana y portuguesa se haya logrado desbloquear el Tratado de Reforma y concluir los trabajos preparatorios a nivel interestatal con la firma del Tratado. Ahora depende de los Estados miembros que la ratificación se realice sin demora conforme a los respectivos procedimientos nacionales, porque en la "Declaración de Berlín" de marzo de 2007 asumimos el compromiso político de celebrar las próximas elecciones al Parlamento Europeo del año 2009 sobre la base de fundamentos jurídicos renovados. A mi juicio, la entrada en vigor del Tratado es absolutamente prioritaria y todos los trabajos preparatorios pertinentes para la entrada en vigor deben tener presente ese aspecto. Una de las razones que se adujeron en favor de la necesidad del Tratado de Lisboa fue y sigue siendo el desarrollo progresivo de la política exterior y de seguridad común. Pero ya la primera prueba del algodón sobre la unidad de la UE en materia de política exterior –el estatuto de Kosovo– podría acabar en un sonado fracaso. ¿Reconocerán los veintisiete Estados miembros de la UE en bloque a Kosovo tras su declaración de independencia o habrá reconocimientos por separado? De entrada, no comparto el pesimismo que subyace a su pregunta. Estoy firmemente convencido de que la política exterior y de seguridad común de la UE acreditará su eficacia en Kosovo. En el Consejo Europeo del pasado mes de diciembre todos los Estados miembros de la UE sin excepción reafirmaron que la estabilidad y la seguridad de Europa están estrechamente interrelacionadas con la estabilidad y la seguridad en los Balcanes occidentales. Por eso en Kosovo los europeos queremos realizar una contribución decisiva a la estabilidad por medio de una misión de Estado de Derecho conjunta. ¿Cómo actuará Alemania si no es posible alcanzar un consenso en la UE? Según mi convencimiento, en estos momentos ya existe una amplia coincidencia en la UE sobre la cuestión de Kosovo y en el tiempo restante proseguiremos nuestros esfuerzos para consolidar la unidad de criterio de la UE. Aunque España acepta la misión civil de la PESD en Kosovo, seguramente no reconocerá a la provincia serbia. ¿Entiende usted la posición de Madrid en este asunto? ¿Aseguraría usted que la inquietud española existente en relación con la "independencia de Kosovo" carece de todo fundamento y que el reconocimiento de Kosovo no sienta un precedente para las aspiraciones independentistas de algunos, no sólo en España sino también en otras partes de Europa? Desde un principio hemos dejado absolutamente claro que el caso de Kosovo es sui géneris. No existe ninguna situación comparable, ni en España ni en los llamados conflictos congelados del Cáucaso meridional que asiduamente se citan a modo de comparación. Por tanto, Kosovo no sirve como precedente. El cómo reaccionemos a una declaración de independencia unilateral por parte de Kosovo se decidirá cuando se dé el caso. Pero por supuesto que no estaremos desprevenidos. ¿Cuál sería entonces el momento más idóneo para reconocer a Kosovo? Tampoco la pregunta sobre el momento admite especulaciones. Hemos realizado largas e intensas gestiones para promover una solución de común acuerdo entre serbios y albano-kosovares. Lamentablemente, no se pudo alcanzar ni se podrá alcanzar en el futuro. Al mismo tiempo estoy convencido de que no se puede detener la historia. Ahora de lo que se trata es de que ninguna de las partes dé pasos de manera precipitada y descoordinada. Los europeos seguimos muy de cerca todos estos pasos. ¿No tiene usted el temor de que un reconocimiento europeo de Kosovo no hará sino lastrar aún más las de por sí complejas relaciones con Rusia? Con Rusia hemos venido manteniendo desde el principio mismo una estrecha interlocución sobre el tema de Kosovo y hemos discutido abiertamente nuestras opiniones divergentes. Dicho diálogo lo vamos a llevar adelante. Estoy firmemente convencido de que tanto por parte europea como por parte rusa prevalece la sensatez y se reconoce que Europa y Rusia son y seguirán siendo socios mutuamente indispensables. Lo dicho no significa que no podamos tener criterios discrepantes en determinadas cuestiones. Nuestra asociación, basada en el entendimiento de que una buena y estrecha cooperación es necesaria y fructífera para ambas partes, lo soportará. En las negociaciones de la troica sobre el estatuto de Kosovo Alemania ya desempeñó un papel esencial en la persona del Embajador [alemán Wolfgang] Ischinger. Por tanto, seguramente usted podrá explicarnos bien la difícil situación actual: ¿Se han cometido errores de apreciación respecto a la posición de Rusia? ¿Acaso llegó demasiado pronto el compromiso de Estados Unidos de reconocer a Kosovo? Creo que a lo largo de estas negociaciones ha habido una evolución de las posiciones de todos los participantes en el proceso de la troica. Así ha sido en el caso de los tres miembros de la troica, la UE, EE.UU. y Rusia. Pero lo mismo vale para los serbios y los albano-kosovares. Todos los participantes han llevado las negociaciones de la troica guiados por el noble propósito de alcanzar una solución de común acuerdo entre Serbia y Kosovo sobre la cuestión del estatuto. Naturalmente que cada uno de los participantes tenía su propio planteamiento sobre cómo debería ser la solución. Y era un secreto a voces que tales criterios eran muy dispares. Pero en estos 120 días del proceso de la troica hemos analizado seriamente y examinado desde todos los puntos de vista todas y cada una de las posibilidades para solucionar la cuestión del estatuto, por muy lejanas que pudieran parecer. Lamentablemente no hemos podido hallar un compromiso aceptable para todos. Es una pena. Pero ahora tenemos que manejar la situación. Pese a todos los intentos de mediación realizados por el Cuarteto para Oriente Próximo, la situación allí sigue siendo crítica. ¿Cree usted que será posible lograr progresos palpables en la región a corto o medio plazo o tendremos todos que esperar hasta principios de 2009, cuando se forme el nuevo Gobierno de Estados Unidos? No, esperar sería el mayor error que podríamos cometer ahora. Por primera vez en años, se presenta una oportunidad de que israelíes y palestinos lleguen a un equilibrio pacífico. Aunque la conferencia celebrada en Annapolis no supuso un punto de inflexión en este largo conflicto, que ya dura décadas, sí ha creado una dinámica nueva y ha puesto en marcha un proceso de negociaciones que tenemos que aprovechar ahora. Esto es algo que nadie hubiera podido considerar posible hace sólo unos meses. La constelación actual, pese a las dificultades que existen, no ha sido en mucho tiempo tan favorable. Los gobiernos israelí y palestino están seriamente determinados a llegar a un acuerdo. La mayoría de la población, por ambos lados, está preparada para un acuerdo de paz. Por primera vez en mucho tiempo, la gran mayoría de los países árabes están dispuestos a apoyar de forma activa un equilibrio entre Israel y Palestina. Y, por otro lado, está el fuerte compromiso de Estados Unidos, un compromiso que hacía tiempo que no era tan fuerte. Un compromiso, quiero decirlo expresamente, que merece todo nuestro reconocimiento. Una solución sólo será posible si Estados Unidos pone todo su empeño en ello. Es por tanto bueno que Estados Unidos, desde Annapolis y recientemente con la gira a Oriente Próximo que acaba de finalizar el presidente George W. Bush, ejerza de manera muy consciente esa responsabilidad. ¿Cuál es su opinión acerca de la "Unión para el Mediterráneo" propuesta por Francia, España e Italia? ¿Se unirá Alemania a esta iniciativa? El Mediterráneo es una región muy importante desde muchos puntos de vista, tanto político, estratégico y económico como cultural. Por esta razón también estamos muy a favor de que las relaciones con los países ribereños que no pertenecen a la Unión Europea se intensifiquen y amplíen a múltiples niveles. Se trata de que la UE, con los socios de la región, encuentre respuestas conjuntas a, por ejemplo, la gestión de los flujos migratorios, la lucha contra el crimen organizado y el terrorismo internacional, en cuestiones de la cooperación en materia de política energética así como, por supuesto, en temas relacionados con el comercio, la protección de clima y la cooperación cultural. Desde hace unos años, la UE ya viene abordando intensamente con éxito estos asuntos con los socios mediterráneos a través del "Proceso de Barcelona" –el cual, por cierto, se puso en marcha bajo Presidencia española en 1995– y en el marco de la Política Europea de Vecindad. En mi opinión, lo que aquí falta no es estrategia, sino la aplicación de los planes de acción ya acordados. Ahí es donde debemos incidir. Una duplicidad de las estructuras existentes no tiene, a mi criterio, ningún sentido. Dentro de unos meses se celebrará la próxima cumbre UE-América Latina. España es el miembro de la UE con mayor presencia en América Latina. ¿No es razonable que España defina en cierto modo la orientación de la política de la UE para América Latina? En este ámbito, la voz de España se escucha sin duda con especial atención dentro de la UE. No obstante, la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE la diseñan todos los países miembros en igualdad de condiciones. Además de España, hay otros muchos países miembros que mantienen lazos estrechos con América Latina y que ponen un gran empeño en desarrollar sus relaciones. En la UE tenemos que velar juntos por que la cumbre de Lima sea un éxito. Es necesario que haya una señal clara que muestre cuál debe ser el camino a seguir en la cooperación con América Latina. También tenemos que avanzar en el tema de los acuerdos de asociación. Detengámonos por un momento en el continente sudamericano: ¿Le inquietan a usted los procesos que se han producido últimamente en América Latina en relación con el jefe de Estado venezolano Hugo Chávez? Por naturaleza, América Latina está muy presente en España. A mí lo que me molesta es la forma parcial y la corta memoria con la que a veces se mira a América Latina en otros lugares de Europa. Sólo tiene que pensar en hace diez o veinte años. El continente ha vivido una transformación profunda, muchos países se libraron de dictaduras militares; aunque he de admitir que algunos procesos democráticos resultaron difíciles. Lo que se está viviendo ahora en Venezuela lo inscribo en la categoría del populismo. No acierto a ver un fundamento ideológico verdaderamente consolidado. Y parece que el electorado venezolano también tiene dudas y preguntas. Por lo menos el resultado del pasado referendo muestra que el pueblo venezolano no está dispuesto a seguir sin más el curso de Chávez. Con frecuencia se critica que la política de la UE para Cuba no da resultados. ¿Sería necesario reorientarla? No comparto esa crítica. Los recientes acuerdos del Consejo de Ministros de Exteriores de la UE se ajustan a los cambios incipientes que hay en Cuba y demuestran que la UE está en condiciones de reaccionar en consenso a las evoluciones políticas con nuevas respuestas. La UE mantiene un diálogo con Cuba sobre temas centrales, incluido los derechos humanos. Entre tanto se han establecido algunos contactos de alto nivel entre Cuba y la UE, lo cual me hace ser cautelosamente optimista. Al mismo tiempo observamos que el número de presos políticos se ha reducido. Todo eso demuestra que la política del diálogo es el camino correcto. Además deja a la UE un margen de reacción al desarrollo político en Cuba. Alemania tiene intención de abrir un Goethe-Institut en Cuba. ¿Cuál es su opinión acerca de la política exterior alemana en materia de cultura y educación practicada en Centroamérica y Sudamérica? La política cultural es para mí una prioridad. En este campo tenemos además bastante tradición y puedo decir que hemos obtenido resultados bastante satisfactorios. La región de Centroamérica y Sudamérica es una de las áreas prioritarias de la política exterior alemana en materia de cultura y educación. Estamos representados con más de diez Institutos Goethe, hemos creado una densa red de colegios alemanes en el continente y el intercambio académico es, gracias al DAAD (Servicio Alemán de Intercambio Académico), intenso y positivo. Y esto se percibe a veces incluso a nivel político: así, por ejemplo, con mi homóloga mexicana puedo comunicarme perfectamente en alemán, ya que se graduó en el Colegio Alemán de México. Y hablando de cultura: España sigue siendo el país elegido como primer destino por los estudiantes Erasmus alemanes, mientras que Alemania sólo ocupa el tercer puesto de la lista entre los universitarios españoles. ¿Comparte usted el interés por España de los estudiantes alemanes o se interesa Berlín más bien por Washington, Moscú o París? Tendré que contestar a su pregunta con dos respuestas: una política y otra personal. Desde el punto de vista político, por supuesto que Alemania tiene un interés genuino en mantener buenas relaciones de amistad con Francia, Rusia y Estados Unidos. Pero esto se aplica en la misma medida a España y no es por tanto nada inusual. A nivel personal entiendo perfectamente que los jóvenes alemanes suelan optar por España a la hora de realizar una estancia de estudios en el extranjero. Además del buen nivel académico que ofrecen las universidades españolas, una de las principales razones para su elección es aprender español. La cordialidad y el carácter abierto de los españoles, el impresionante patrimonio cultural y, cómo no, la naturaleza y su clima atraen a muchas personas a la Península Ibérica. También yo me siento a gusto en su país y ya he disfrutado de algunas que otras agradables vacaciones en España. Una última pregunta, señor Ministro: las consultas intergubernamentales tendrán lugar apenas seis semanas antes de que se celebren las elecciones generales españolas del 9 de marzo. ¿Llegado el caso, le aconsejaría usted al PSOE, partido vinculado a su SPD a través de una asociación entre partidos, una gran coalición? No creo que la política española dependa de mi consejo. Por lo demás estoy seguro de que los partidos políticos españoles asumirán su responsabilidad política global tras las elecciones generales del 9 de marzo, independientemente de con qué coalición. Señor Ministro, muchas gracias por la entrevista. 31 de enero de 2008
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